lunes, 28 de mayo de 2012

Manuel Flores y "La música popular en Sinaloa"

La biblioteca Gilberto Owen, a través de su programa “Huellas de la historia en Sinaloa” invita este jueves 17 de mayo a conocer un poco más sobre la vida del músico y compositor Manuel “El Chino” Flores, quien se dedicó a la interpretación y estudio de la música en Sinaloa.
Manuel Flores Gastélum nació en Ahome, Sinaloa en 1917, a corta edad ingresó al Internado del Estado en Culiacán, donde conoció al compositor guanajuatense Ángel Viderique a quien admiró y del que también aprendió el gusto por la música; en ese mismo lugar estudió solfeo y teoría de la música con el maestro Refugio Soto. Llegó a ser integrante de la Banda Los azulitos en 1934, tocó con la Orquesta Estrella dirigida por Elías Soto y con la Orquesta del Cachi Anaya como trompetista, su inquietud juvenil lo llevó a integrarse a la Compañía de Paco Miller y recorrer prácticamente todo el país; también formó parte de la Orquesta de opereta y zarzuela de Manuela Barandilla y Pepita Embil, bajo la dirección de David García.
Con esa vasta experiencia escribió y publicó el libro titulado La música popular de Sinaloa editado por Difocur, compuso la pieza musical El corneta del internado, fue miembro activo de la Sociedad Mexicana de Musicología y autor de innumerables arreglos para banda. A petición del dramaturgo sinaloense Oscar Liera, en 1977 escribió la música para la obra de teatro El Alma buena de She Suam de Bertold Brecht y en 1978 se integró a Difocur (hoy Instituto Sinaloense de Cultura) como maestro de instrumentos de aliento y percusiones, además de ser director de la Banda Juvenil de Música de la misma institución. El maestro, director y arreglista falleció en Culiacán  el 13 de abril de 1998.
La invitación es abierta al público a escuchar esta charla en la sala de la colección Sinaloa de la Biblioteca pública central Gilberto Owen, ubicada en el edificio del Casino de la Cultura de Culiacán, en Obregón y Zaragoza, Col. Centro, a las 5:00 p.m.


Servicio social en tu biblioteca Owen


La Biblioteca pública central Gilberto Owen del Instituto Sinaloense de Cultura
Invita a los estudiantes de preparatoria y universitarios a prestar su servicio social en la Biblioteca Gilberto Owen.
Presenta tu proyecto o infórmate sobre los programas en los que puedes participar; estamos buscando colaboradores en el área de fomento a la lectura y en la difusión y promoción de los cursos, actividades y servicios básicos, entre ellos:
 ·       Administrador de la página web de la biblioteca Gilberto Owen
·       Prestadores de servicio social como lectores
·       Coordinadores del servicio social del lector
·       Estudio e investigación para trabajos profesionales
Informes con Adriana Velderrain y René Arellano, en el Casino de la Cultura, sito en Zaragoza y Obregón s/n, col. Centro.
Tel: 715-2820, e-mail: bpGlbertoOwen@gmail.com


lunes, 16 de abril de 2012

Aprende y diviértete en la biblioteca Gilberto Owen

La Biblioteca pública central Gilberto Owen
 invita al público en general a participar en sus cursos y programas a partir del mes de mayo:

 Taller de computación para niños
Días y horario: lunes y jueves, de 4:30 a 6:00 pm
Lugar: Sala de capacitación tecnológica
Impartido por María Isabel Paredes Quintero, para niños de 8 a 12 años

Taller de computación básica para adultos
Días y horario: martes y jueves, de 9:00 a 11:00 am 
Lugar: Sala de capacitación tecnológica
Impartido por Chuyita Chávez Guzmán

Círculo de lectura infantil sabatino
Días y horario: sábados, de 9:00 a 10:30 am
Lugar: Sala infantil
Impartido por René Arellano Camacho, para niños de 6 a 12 años

Curso de iniciación musical
Días y horario: sábados, de 10:30 am a 12:30 mediodía
Lugar: Sala infantil
Impartido por Víctor Núñez, para niños de 6 a 12 años

Miércoles de cuentos en la Owen
Días y horario: miércoles, de 4:00 a 5:30 pm
Lugar: Sala infantil
Cuentacuentos de “Sinaloa lee”, para niños de todas las edades

Huellas en la historia de Sinaloa
Días y horario: jueves, de 5:00 a 6:30 pm
Lugar: Sala Colección Sinaloa
Impartido por María de la Luz Villegas Yuriar


De igual forma, se invita a los estudiantes de preparatoria y universitarios a prestar su servicio social en la biblioteca Gilberto Owen; asiste y presenta tu proyecto o infórmate sobre los programas en los que puedes participar, como el servicio social del lector. Informes con René Arellano y Adriana Velderrain, en el Casino de la cultura, sito en Zaragoza y Obregón s/n, col. Centro. Tel: 715-2820.


miércoles, 29 de febrero de 2012

Los cuentos populares rusos en Imaginaria



El antiguo imperio de los zares era un territorio inconmensurable, extendido sobre dos continentes: Europa y Asia; en él cohabitaban numerosos grupos étnicos. Sólo esto nos da una idea de la diversidad y riqueza de los relatos que circulaban en aquel territorio. Algunos de estos relatos no dejan de resultarnos, sin embargo, familiares. Así, por ejemplo, “Vasilisa la Bella” tiene muchos puntos en común con “La Cenicienta”, y “La Zarevna Rana” con “Las tres plumas” de los hermanos Grimm. Como en otras historias del mundo, el tercer hijo, el menor, es el llamado tonto, y sin embargo, Iván (ese suele ser su nombre) demuestra finalmente ser el único capaz de vencer las pruebas a las que se ve sometido, demostrando bondad, inteligencia y valentía. Sin embargo, hay en estos cuentos elementos que los insertan en el paisaje y las —para nosotros— exóticas costumbres de la antigua Rusia. Una bruja caníbal, con una pata de hueso, que habita en lo profundo del bosque en una isba giratoria sostenida por patas de gallina, resulta de una belleza estremecedora. Lobos mágicos que ayudan al héroe, casi a la manera de un hada madrina; y hechiceros descarnados cuya inmortalidad se debe a que su cuerpo está separado del alma. Algunas de estas historias contadas por el pueblo, son reelaboraciones de antiguos poemas épicos: las bilinas, y en ellas personajes históricos de la antigua Rus cobran vestidura de héroes populares.


Grandes escritores, músicos, plásticos, intelectuales, se vieron conmovidos por estos relatos del campesino ruso: Pushkin, Tolstoi, Gorki, Bilibin, Rimski-Kórsakov, Stravinsky, Mussorgsky, Afanásiev, Propp… Su sensibilidad no les permitió permanecer indiferentes ante una literatura que, por pertenecer a los pobres, había sido negada durante siglos por los grupos intelectuales y artísticos. El interés por estos relatos estuvo estrechamente relacionado con las luchas sociales y los movimientos de emancipación que conmovieron a aquel inmenso país durante el transcurso del siglo XIX hasta desembocar en la revolución de 1917.
No han sido, ni siguen siendo frecuentes las oportunidades para los lectores argentinos de acceder a estas historias de la antigua Rusia.
En los años ’70 llegaron a Argentina unos libros muy hermosos, de tapa dura, editados en Moscú. Se trataba de los libros de Editorial Progreso: El Pájaro de Fuego, La casita bonita y Alionushka, entre otros.


Editorial Progreso también publicó en castellano Cuento del rey Saltán, de su hijo, el príncipe Guidón, glorioso paladín, y de la bella princesa Cisne, de Alexandr Pushkin con ilustraciones de Iván Bilibin.



Entre 1983 y 1984, la editorial Anaya, en España, reunió en tres volúmenes una sustancial parte de los cuentos recopilados por Afanásiev. Acompañó estos relatos con las ilustraciones de Iván Y. Bilibin y colocó como introducción en el primer tomo un texto de Vladimir Propp. Al final del último volumen —mediante un extenso apéndice— la traductora Isabel Vicente sitúa a los lectores de manera minuciosa en el contexto histórico y en la vida del autor e ilustrador de estos libros.


En 1990, la editorial española Lumen publicó Cuentos rusos en dos volúmenes de gran formato y tapa dura, con amplias ilustraciones de Iván Bilibin.


Lo cierto es que la mayoría de las ediciones de los cuentos populares rusos pueden ser recogidas aquí y allá, sólo en librerías de viejo. Verdaderos hallazgos que no debemos dejar pasar, ya que lamentablemente las ediciones actuales de estos cuentos prácticamente no existen en nuestro país.
Es por esta ausencia que hemos decidido difundir algunos cuentos populares rusos en las páginas de Imaginaria. Creemos que serán bienvenidos por aquellos lectores, niños y adultos, que están ávidos de historias y personajes de otras latitudes y otras épocas.
Baba Yaga aún está allí, en su isba de patas de gallina rodeada de calaveras; podemos recibir su ayuda para nuestra empresa, si sabemos utilizar las palabras adecuadas. Pájaros de fuego y orgullosas zarevnas, zares crueles y magnánimos, valientes bogatires y jóvenes llamados Iván que se hacen pasar por tontos para haraganear acostados en la estufa. Un universo de relatos que tomaron forma durante siglos de transmisión oral a través de los extensos paisajes de la lejana Rusia nos esperan.



Artículo completo, con notas y bibliografía en la revista Imaginaria: http://www.imaginaria.com.ar/2011/09/los-cuentos-populares-rusos-en-imaginaria/

domingo, 26 de febrero de 2012

El mayor espectáculo del mundo

El circo, August Macke (1913). Museo Thyssen BornemiszaQuienes trabajamos en una biblioteca o nos afanamos porque los servicios bibliotecarios resulten cada vez más atractivos, efectivos, útiles y reconocidos sabemos muy bien de las dificultades a las que debemos enfrentarnos día a día para llevar a buen término nuestras tareas. Somos conscientes de que formamos parte de una peculiar familia, un tanto extraña; quizá no tanto como la de aquella Maribel que retratara Miguel Mihura, pero con sus peculiaridades. Si lo pensamos bien, en el universo de la cultura sólo hay un espectáculo que en cierto modo se asemeja al de nuestra biblioteca: el circo. Salvo acaso esa trashumancia que parece inherente al espectáculo circense —y que de alguna manera reproducen los servicios de bibliotecas móviles—, nada hay más parecido a un circo que una biblioteca.

No piense nadie que escribo esto con acritud. Algo de ironía, quizá, sí; pero no pretendo ser desabrido. Al fin y al cabo, ser artista circense sea quizá uno de los sueños infantiles que todos alguna vez hemos tenido. Pero es que, además, las similitudes son tales que difícilmente podemos resistirnos a la comparación.

Al fin y al cabo, no son pocas las bibliotecas que apenas cuentan con unas instalaciones precarias, apenas ligeramente mejores que esa gran lona que cobija la ilusión del circo, con sus estrecheces, sus humedades, su frío (o su calor), su antiguado y escaso mobiliario… Es verdad que, en contraste, otras cuentan con instalaciones sumamente vistosas, llenas de colorido y fulgor… que en ocasiones disimulan tras esa fachada de cartón-piedra terribles carencias en las colecciones, insuficiencia de medios, desprecio institucional… Sólo el tesón y buen hacer del personal en ellas empleado pueden llevar adelante un servicio digno, capaz de encandilar a los usuarios (más o menos fieles) como a los niños que se acercan a la carpa del circo cuando éste se instala en nuestra localidad.

Y es que el personal bibliotecario debe hacer gala de equilibrio, agilidad y coordinación como los buenos acróbatas para desempeñar su labor. Y, en muchos casos —especialmente en estos momentos tan difíciles— practicar el funambulismo, caminando sobre el delgado alambre de unos presupuestos cada vez más menguados, ejercitando como los mejores magos sorprendentes números para extraer de un sombrero cada vez más ajado y vacío sorpresas con las que encandilar al público. En no pocas ocasiones se le exige habilidades de contorsionista —incluso pagando el precio de alguna costilla— para encogerse hasta límites insospechados o de escapista para no acabar aprisionado por las limitaciones. Y deberá enfrentarse a las más terribles de las fieras —aquellos políticos y gestores de la cosa pública que se dejan guiar por otros intereses, algunos usuarios intransigentes o maleducados, fantásticos padres que encuentran en la biblioteca su “guardería aliada”…— como un aguerrido domador, o incluso escupir fuego, igual que hacen determinados faquires. En más de una oportunidad se hace necesario actuar como tragasables si no queremos que las consecuencias de los males que acechan nuestra biblioteca sean aún peores, o practicar malabarismo con las escasas herramientas que se nos proporcionan. ¿Qué referencista no ha tenido que echar mano en alguna ocasión de sus dotes como mentalista para comprender la demanda de información que un usuario no acierta a exponernos? Pero todas estas dificultades se esfuman cuando un amable lector de devuelve con un simple “Gracias” nuestra dedicación, cuando un niño nos sonríe ilusionado con su libro bajo el brazo o suelta su inocente carcajada en esa actividad de animación que nos obliga a embadurnarnos la cara y calzar zapatones cual payaso, aunque tengamos el corazón roto por aquellos que siguen sin comprender el valor de nuestro papel y se dejan atrapar por Polichinelas varios.

No es cuestión de ponernos excesivamente trágicos. Antes al contrario, será preferible quedarnos con lo que de mágico y sorprendente tiene el circo, como igualmente lo tiene la biblioteca: en ambos podemos evadirnos de nuestra realidad, conocer exóticos animales o personajes sorprendentes, sentir cómo nuestro corazón se acelera por pasiones o sentimientos diversos, gozar —en fin— de la compañía de todos cuantos participan en nuestra aventura. Aunque nos sorprenda, no son pocos los libros que, de una manera u otra, se acercan al mundo de las artes circenses. Nacidos en los albores de la historia, circo y biblioteca forman igualmente parte de la cultura universal, y ambos merecen de nuestra protección y cariño. ¿Vamos a dejar que se marchiten?

¡Señoras y señores! ¡Chicos y grandes! ¡Pasen y vean! ¡El mayor espectáculo del mundo! ¡La biblioteca!

Tomado de Biblogtecarios: http://www.biblogtecarios.es/rafaelibanez/el-mayor-espectaculo-del-mundo
 

viernes, 24 de febrero de 2012

Alfonso Orejel cuenta sus cuentos en la biblioteca Gilberto Owen

“El sano propósito es aterrorizarlos y con esto les den ganas de leer”, expresa Orejel


Este lunes el reconocido escritor sinaloense Alfonso Orejel se presentó en la Biblioteca pública Gilberto Owen para narrar a los niños su cuento de horror "La niña del vestido antiguo" en un evento que combinó diversión con una parte lúdica y misteriosa para deleite de todos los presentes. Esta representación es una primicia del relato que aparecerá en el libro del mismo nombre, próximo a publicarse por Ediciones SM.
Alfonso Orejel nació en los Mochis, Sinaloa en 1961, ganador del premio nacional de cuento Inés Arredondo y del nacional de poesía Gilberto Owen, es un escritor que no se somete a etiquetas y escribe narraciones, poemas, crónicas y literatura infantil, senda a la que se ha dedicado como cuentacuentos y promotor cultural desde hace veinte años; esta experiencia, junto con sus recuerdos y vivencias le han permitido escribir reconocidos cuentos como Las bellas bestias, Caldo de perico, El cucaracho, Matanga guanga la changa, El sendero de los gatos apachurrados, La venganza de la mano amarilla, La sombra y El árbol de las muñecas tristes, por mencionar sólo algunos de sus libros para niños. Entre sus planes está publicar más.
Un numeroso público infantil asistió a esta presentación, entre ellos los alumnos de primer año de la secundaria técnica #85, del Fracc. Nakayama; niños, papás y maestros estuvieron al borde de la silla escuchando la historia de horror que el narrador les relataba. El género de espantos es uno de los más trabajados por el escritor, quien aclara que: "soy descendiente de una mujer que es una extraordinaria narradora: mi madre, quien pobló mi infancia de fantasmas tristes, de puertas quejumbrosas y desalmadas almas sin sosiego. La noche interminable donde miraba mi trémulo rostro en el fondo de una taza de café, mientras ella me contaba sus vivencias, fue mi escuela fundamental".
Posteriormente, los niños asistentes tuvieron la oportunidad de charlar con el escritor sobre la trama del cuento y el arte de escribir historias. Esta lectura fue la primera de una serie que la Biblioteca Gilberto Owen ofrecerá a los niños de Culiacán en colaboración con el programa Sinaloa lee, como parte de sus actividades de fomento a la lectura, de la cual se ofrecerá información más detallada próximamente.
Este tipo de eventos que la biblioteca “Gilberto Owen” busca difundir acerca a los niños y no tan niños a la lectura e incluso va más allá: los invita a sentir las historias. Al respecto, particular Alfonso Orejel, un estupendo cuentacuentos y no sólo “lector en voz alta” (actividades que no hay que confundir, aclaró) siembra la idea de que mientras cuenta la historia la inventase al son de las reacciones de sus oyentes, y no de otro modo.

Este evento, y muchos más por venir, se realizan en la biblioteca pública Gilberto Owen ubicada en las instalaciones del Casino de la Cultura de Culiacán, en Obregón y Zaragoza s/n, Col. Centro; atiende de lunes a viernes en horario de 8:00 am a 7:00 pm, y los sábados de 9:00 am a 2:00 pm. Informes al teléfono 715-28-2 y al correo electrónico bpGilbertoOwen@gmail.com

Están todos cordialmente invitados.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Leyendo un cachito de...

Iacobus

Matilde Asensi

Pronto avisté los vastos territorios mauricenses, cercanos a la localidad de Torá, y enseguida, los altos muros de la abadía y las puntiagudas torres de su hermosa iglesia. Sin albergar ninguna duda, me atrevo a asegurar que Ponce de Riba, fundado ciento cincuenta años atrás por Ramón Berenguer iv, es uno de los monasterios más grandes y majestuosos que yo haya visto jamás, y su riquísima biblioteca es única a este lado del orbe, pues no sólo posee los códices sacros más extraordinarios de la cristiandad, sino la práctica totalidad de los textos científicos, árabes y judíos, condenados por la jerarquía eclesiástica, ya que, por fortuna, los monjes de San Mauricio se han caracterizado siempre por tener un espíritu muy abierto a todo tipo de riquezas. En los archivos de Ponce de Riba, he llegado a ver cosas que nadie creería: cartularios hebreos, bulas papales y cartas de reyes musulmanes que hubieran impresionado al estudioso más imperturbable.

Es evidente que un caballero hospitalario como yo no tiene sitio, al menos en apariencia, en un recinto sagrado dedicado al estudio y la oración, pero mi caso era singular, ya que, además de la verdadera y secreta razón que me había llevado hasta Ponce de Riba, mi Orden estaba especialmente interesada, por el bien general de nuestros hospitales, en el conocimiento de las terribles fiebres eruptivas, las viruelas, que tan magníficamente han sido descritas por los físicos árabes, así como en la preparación de jarabes, alcoholes, pomadas y ungüentos de los que habíamos tenido alguna noticia durante los años que duró nuestra presencia en el reino de Jerusalén.

En concreto, yo sentía un particularísimo afán por estudiar el Atarrif de Albucasis el Cordobés, obra conocida también como Metodus medendi después de su traducción al latín por Gerardo de Cremona. En realidad, a mí tanto me daba la lengua en la que estuviera escrita la copia del cenobio, pues domino varias de ellas con soltura, al igual que todos los caballeros que han tenido que luchar en Siria o Palestina. Esperaba encontrar en ese libro los secretos de las incisiones sin dolor en cuerpos vivos y de los cauterios, tan necesarios en tiempo de guerra, y aprenderlo todo acerca del maravilloso instrumental médico de los físicos persas, minuciosamente descrito por el gran Albucasis, para poder mandarlo fabricar con precisión en cuanto volviera a Rodas. Así pues, ese mismo día abandonaría el jubón, la cota y el manto negro con la cruz latina blanca, y sustituiría el yelmo, la espada y el escudo por el cálamo, la tinta y el scrinium.

No dejaba de ser un proyecto apasionante, desde luego, pero, como he dicho, no era el verdadero motivo por el cual estaba entrando en las tierras del cenobio; la auténtica razón que me había llevado allí –una razón exclusivamente personal, que había sido amparada desde el primer momento por el gran senescal de Rodas– era que, en aquel lugar, debía encontrar a alguien muy importante de quien no sabía absolutamente nada: ni cuál era su nombre, ni quién era, ni cómo era..., ni siquiera si seguía allí en aquel momento. Sin embargo, confiaba en mí mismo y en la Providencia para lograr el triunfo en tan espinosa misión. No por nada me apodan el Perquisitore.